Aeromuertos.

La ocho en dirección al olvido,

te montas en el vagón, y suspiro,

claro que suspiro.

 

Lo que un día fue nuestro, hoy deja de serlo;

se va por la puerta con tus maletas y mi risa,

tu risa…

 

Juramos que nos llamaremos,

que nos veremos pronto.

Aún no te has ido y ya no recuerdo tu voz,

ni tu pupila dilatada al despertar,

ni cómo me llamabas loco por gritar

en cada lucha, en cada ducha.

 

Te vas, destino: nunca jamás,

pero en el que no hay niños perdidos,

sino en el que me pierdo YO;

en cada esquina, giras y no estoy,

no estaré, y tú no me llamarás.

Yo fingiré que me olvidé el móvil,

tú que te equivocaste al marcar

y nos creeremos, por no herirnos más.

 

Culpo a los aeropuertos,

te separan de mi,

cuando deberían traerte.

Llorando en la terminal,

porque sé que no saldrás por esa puerta de embarque,

sé que no subiste a ése avión,

sé que me quisiste, pero se acabó.

 

Nunca pensé que los aeropuertos matasen,

pensaba que sólo se estrellaban los aviones.

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